CHIGÜIRE

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Prólogo a un protocolo para amar

Este es un texto previo a un fanzine titulado Un protocolo para amar, que todavía no he acabado.

Era invierno, principios del 2018. Empezaba a recopilar fuentes para mi trabajo de fin de grado, un sistema de votación electrónica. Buscaba con esmero librerías de código, papers académicos, artículos de divulgación, con el propósito de hacer el mejor trabajo posible. En este momento me topé con ØMQ, una librería de redes muy apta para hacer redes distribuidas como las que necesitaba para mi proyecto. Empecé leyendo la guía, un texto sumamente divertido, que me costó poco leerme y que me tragué en unas pocas tardes.

Completamente extasiado con la lectura, busqué al autor de la librería: un tal Pieter Hintjens. Un hombre que había dedicado su vida a desarrollar código, comunidades y protocolos, defendiendo siempre a capa y espada el software libre. Tras consultar más textos suyos y cogiendo un poco de valentía (no es fácil hablar con alguien que admiras), me dirigí a su cuenta de Twitter, listo para enviarle un mensaje de agradecimiento por su trabajo y por su escritura. A lo que me topé con su último tweet:

@hintjens 2016-10-04

I'm choosing euthanasia etd 1pm.

I have no last words.

Pieter había lidiado en los últimos años de su vida con cáncer. En sus últimos momentos decidió la vía de la eutanasia.

Le conocí mínimamente a través de sus escritos. Compartíamos una cierta visión y una cierta afinidad en la manera de expresarnos. Pero nunca le pude dar las gracias.

Antes de irse, publicó Un protocolo para morir (A Protocol for Dying).

Quiero yo, para darle las gracias, hacer el texto contrario: Un protocolo para amar. Porque amar es lo contrario de morir.

Mucho tiempo pasé pensando que mi mundo era el mío y mi lenguaje era una valla alta, sobre la que nadie, por muy atleta que fuese, podía saltar. Pero, parafraseando a Marc Augé, las fronteras no son muros: son umbrales. Quiero atravesar el umbral que demarca mi intimidad y mi lengua, y desde más allá de esta frontera, brindarles una vista a mi jardín. Con cables colgando cual lianas interconectando servidores, sobre los que crecen flores dibujadas en ASCII. Con luces intermitentes, que indican movimiento de agujas sobre platillos magnéticos, señalando el envío de un mensaje encapsulado en capa tras capa de un dulce abrazo, solo para llegar un «¡te quiero!» en unicode al otro lado.

Necesitamos un protocolo para el amor, un estándar libre, abierto a ser compartido, modificado, mejorado; interoperable, compatible con todo hardware, que puede correr distribuido y sin jerarquía de maestro-esclavo.

Aquí propongo el protocolo para amar.

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